La semilla es una historia de amor vivido con verdad, de dolor que no destruye y de aprendizaje que transforma.
Elías creyó que amar era quedarse, ceder, comprenderlo todo. Hasta que una noche -en silencio, sin reproches- entendió que también amar es saber irse.
A través de recuerdos, encuentros y despedidas, esta obra recorre la intensidad de un vínculo marcado por la entrega, la confusión, las incoherencias y las culpas asumidas sin razón. No es una historia de víctimas ni de villanos, sino de seres humanos intentando amar desde sus propias heridas.
Este libro no habla de rencor, sino de dignidad.
No habla de finales, sino de orígenes.
Porque a veces, cuando el amor duele, no es para rompernos...
es para sembrarnos.
Asher pensaba que tenía una vida perfecta. Era el mejor en su equipo de hockey, tenía las mejores notas en la universidad y un grupo de amigos que parecían serle fiel.
Pero cuando conoce a Skye, la hermana de uno de sus mejores amigos cree que la chica está loca. Tiene una actitud tan dura que es difícil de romper y suele irritarlo todo el tiempo desde que se ha mudado a vivir con su hermano y él.
Y cuando los chicos del equipo le proponen que no conseguiría conquistar a alguien como Skye, lo ve como un reto que está dispuesto a jugar, una apuesta para conquistar el corazón de alguien como Skye es suficiente para que Asher acepte, pues es demasiado competitivo y no está dispuesto a perder su puesto en el equipo de hockey y pasarse el resto del año en la banca como le han apostado.
Sin embargo, a medida que conoce a Skye, Asher se da cuenta que la chica es todo lo contrario a lo que le ha tratado de demostrar, conquistarla no parece tan complicado como pensaba y el corazón de ella no parece ser el único en juego.