El Titán no es solo un espectador, sino un cambia formas que extiende su voluntad a través de dos guerreros de rango superior. Ellos son sus manos, sus voces, sus máscaras en la arena: invencibles, implacables, y siempre presentes. Cada combatiente que pierde es obligado a regresar, enfrentando una y otra vez el mismo destino, hasta que sus fuerzas se quiebran y su espíritu se consume. Nadie sabe cuál es el verdadero rostro del Titán, pues su forma cambia como las sombras que proyecta. Lo único seguro es que todo está bajo su control: los niveles, las reglas, y la condena eterna de quienes luchan. En este ciclo interminable, los guerreros no combaten por gloria, sino por escapar de la prisión invisible que el Titán teje con cada transformación.
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