En una estación de tren, varias vidas coinciden sin saberlo.
Algunos llegan, otros esperan, otros creen que aún tienen tiempo.
Entre retrasos, miradas y decisiones que no se dicen en voz alta, el tiempo deja de ser una idea abstracta y se vuelve concreto, urgente, humano.
No todas las despedidas son visibles.
No todos los encuentros cambian una vida.
Pero todos, de algún modo, nos enfrentan a la misma verdad:
Somos el tiempo que nos queda.
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