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Ellos empezaron.
Ellos nos cazaron.
Ellos son más fuertes.
Ellos son más listos.
Ellos son más inestables.
Ellos son una amenaza.
Desde el inicio de los tiempos han existido entre nosotros. Seres que no deberían caminar entre humanos, criaturas nacidas de un poder antiguo que jamás comprendimos del todo. Seres dotados de dones sobrenaturales, capaces de destruir ciudades o seducir ejércitos, portadores de una belleza enigmática que deslumbra... y engaña.
Pero su encanto es un disfraz.
Bajo esa apariencia perfecta se esconden impulsos violentos, mentes fracturadas, emociones que estallan sin aviso. Son peligrosos. Son inestables. Son de pésimo carácter. Y durante siglos su existencia ha sido una condena para el mundo... y para nosotros.
Por eso los llamamos monstruos.
Por eso los cazamos.
Por eso ellos nos odian.
Lo que nadie dice -lo que todos prefieren ignorar- es que alguna vez convivimos con ellos en paz. Antes de las guerras, antes de las traiciones, antes del primer derramamiento de sangre. Algo se rompió. Algo se desató. Y desde entonces su presencia es una herida abierta en la historia de la humanidad.
Dicen que son los malos.
Dicen que deben ser eliminados.
Dicen que el mundo solo estará a salvo cuando el último de ellos desaparezca.
Pero nadie se pregunta qué pasó realmente.
Nadie quiere saber quién fue el primero en traicionar al otro.
Nadie quiere admitir que, tal vez, ambos bandos tienen las manos manchadas.
Y ahora... ahora que todo ha comenzado de nuevo, ya no hay vuelta atrás.
Ellos han salido de las sombras.
Nosotros seguimos sus pasos.
Y el mundo entero se prepara para arder otra vez.
El jefe de cirugía no acepta internos.
Y mucho menos omegas.
Pero cuando el joven Chawarin es asignado a su ala por error, el Doctor Panich se enfrenta al único caso que no sabe operar...
El deseo que late más fuerte que la razón.