A veces, el silencio duele más que los golpes.
Triana y Pablo son mellizos, doce años, y comparten algo más que la misma cara: una casa donde aprender a callar es la única forma de sobrevivir. Mientras Pablo carga con la violencia, Triana aprende a leer los gestos, a adelantarse a los gritos, a proteger sin que se note.
Todo cambia el día que aparece Alfredo.
Más alto, más callado, distinto. Un chico que mira sin juzgar y actúa sin pedir permiso. Un chico que no sabe nada... y que, aun así, ve demasiado.
Entre patios de colegio, tardes largas y silencios compartidos, Triana descubrirá que hay heridas que no se ven y que el cariño también puede dar miedo. Y Alfredo aprenderá que acercarse a alguien roto implica estar dispuesto a romperse un poco también.
Esta es una historia de infancia robada, de familias que pesan, de miradas que dicen más que las palabras.
Una historia donde el amor no llega para salvar... sino para acompañar.
Porque a veces, el primer paso para escapar es que alguien te vea
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