Masha llegó al mundo marcada por el destino: al nacer, nació sin rabo, como si la vida le hubiera dejado claro desde el primer aliento que su historia no sería común. Creció entre silencios y miradas curiosas, aprendiendo pronto a resistir y a no retroceder.
A los dos años, cuando aún no entendía del todo la crueldad del mundo, ocurrió el hecho que cambiaría su camino para siempre. En un fuerte enfrentamiento contra un contra llamado Leonardo, apodado el Pelardo, Masha perdió un ojo. No fue una derrota, fue el inicio de su leyenda. Desde ese día, el miedo dejó de ser una opción.
El tiempo pasó, las cicatrices cerraron, y el nombre de Masha comenzó a susurrarse como advertencia y promesa. Hoy, en estos momentos, se encuentra bien, escribiendo estas líneas con calma, como quien sabe que lo peor ya quedó atrás... o quizá apenas está por venir.
Que se preparen. Que esperen. Porque esto no ha terminado.
El regreso de NANO
...está más cerca de lo que imaginan.
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