
En un rincón helado del mundo, donde la nieve no solo cubre los tejados sino también los recuerdos, un hombre se sienta frente a un cuaderno desgastado, dispuesto a escribir lo que nunca pudo decir en voz alta. Lo acompaña la silueta invisible de un amor perdido, una presencia que se cuela entre las páginas como el aliento de un fantasma que no sabe irse. Este relato no es una carta de despedida, ni una súplica por redención. Es el eco de una memoria que se niega a morir, la confesión de un alma que ha sido moldeada por la ausencia, por la culpa, por el deseo de entender lo que se rompió sin ruido. A través de cinco páginas escritas con tinta, lágrimas y temblores, el protagonista reconstruye su historia de amor y pérdida, enfrentando la soledad como si fuera un verdugo con espada flameante. La mujer que lo marcó no está presente, pero vive en cada palabra, en cada gesto, en cada rincón del comedor donde él escribe. Lo que comienza como una introspección se transforma en una danza con el dolor, una velada íntima entre el recuerdo y la carne, entre lo que fue y lo que jamás podrá ser. Este es el testimonio de un hombre que amó con torpeza, que cayó en la oscuridad, que quiso redimirse a través de la escritura. Y aunque el final se acerca como una tormenta silenciosa, lo que queda es la belleza de haber sentido, de haber vivido, de haber dejado constancia de un amor que, aunque fallido, fue real.Todos los derechos reservados
1 parte