Unos años más tarde del fin de la transmisión de The Loyal Pin, Becky, aún aclamada por el público como la pareja de Freen, comienza a desarrollar algo que en palabras no puede expresar, pero existe.
¿Cómo lo sabe?
Nunca fue de prometer la eternidad... ni mucho menos creer que aún se crean vínculos que durarán para siempre. Su cotidianidad se basa en las nuevas experiencias, por que lo nuevo para ella es algo atractivo... y lo de siempre aburre. Desde jóven sabe que su destino es estar sola por siempre. Porque nunca logró "engancharse" con alguien por más de dos semanas, porque su única certeza es que su trabajo la mantiene en pie... y porque, ciertamente, ella es un desastre.
Sin embargo, su plan, que en realidad es su resignación transformada a una organización de vida un tanto espinosa, tambalea al darse cuenta de que eso que no podía expresar era un deseo. Un deseo tan fuerte como el de Julieta y Romeo por estar juntos... o como el de la luna y el sol por encontrarse al menos una vez cada cierto tiempo.
Ella deseaba, románticamente, platónicamente o amistosamente, ese para siempre.
Y con nada más y nada menos que con su ex compañera de trabajo.
Freen.
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