Un viejo relato griego dice que el destino de todo mortal esta escrito en un pergamino sagrado, con tinta imborrable y siendo custodiado por la mismísima Atenea, pero ¿Qué ocurre cuando un hombre se atreve a borrar esa tinta con su propia sangre?
En una grecia antigua, gobernada por dioses caprichosos y destinos inquebrantables, nace Aquiles destinado a ser un heroe, con gloria eterna...pero una muerte temprana. A su lado crece patroclo, un joven marcado por la culpa y el exilio.
Entre entrenamientos, risas, inmadureces y promesas mecidas por el viento, nace un vinculo inteso y prohibido. patroclo no solo se vuelve el soporte de aquiles, no solo es el unico capaz calmar su furia tambien se vuelve su mas grande devilidad, mientras que aquiles se vuelve la razon por la que patroclo volveria a creer en si mismo.
ambos son solo dos adolecentes aprendiendo a amar, son solo dos almas que se velven una en cuanto sus labios se juntan. Nunca imaginaron que el roce de sus labios sería capaz de retar lo que los dioses escribieron.
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-Regresalo, toma mi vida Pero regresa la de el, te lo suplico
El dios lo miro, no con frialdad ni superioridad si no con dolor como si conociera la sensación
-no puedo...-susurro- no está en mis manos cambiar lo que pasa
-Malditos dioses, me regalaron divinidad y gloria,Pero me quitaron lo único que le daba sentido a mi vida
-Yo tengo inmortalidad...Pero no sabes cuánto envidio a los mortales -pronuncio con dolor-tu te reuniras con el en el Inframundo, yo nunca más lo volveré a ver
-¿Que?
El dios le dedicó una última mirada al cuerpo inerte de patroclo
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