La vida de Sasuke Uchiha era una fortaleza de perfección inquebrantable. Como CEO de la poderosa Corporación Uchiha, su existencia estaba tejida con hilos de prestigio, éxito y una riqueza ilimitada. Dos mujeres, Sakura y Karin, orbitaban a su alrededor, compitiendo por su atención en un juego de poder tan superficial como sus encuentros. Pero ni los negocios ni los placeres carnales podían borrar el eco de una noche de graduación, cuando, perdido en el alcohol, se entregó a una desconocida que le hizo sentir algo más que placer: le hizo sentir vivo, real, amado.
Sasuke nunca pudo recordar su rostro, solo la dulzura de sus gemidos y el anhelo que quedó grabado en su alma. Diez años después, mientras ajustaba su camisa tras otra noche vacía con sus amantes, esas manitas suaves y esa voz tierna aún lo perseguían, una melodía que ninguna mujer pudo silenciar.
Hasta que un día sin saber como o porqué se topó con un niño de grandes ojos azules, que lo interrogó como si tuviera el derecho de hacerlo, quería saber como tener muchos empleados y un edificio de cristal tan grande, para poder ganar mucho dinero para que su mami ya no trabajara tanto y no estuviera tan cansada. Fue cuando el poderoso Uchiha se dio cuenta de algo... aquel enano impertinente, era su pequeño clon... su hijo... Keiki.
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