Luan, mi mejor amigo, murió, y lo único que podría pedir es tener la dicha de abrazarlo de nuevo. ¿Cómo puede alguien enfrentarse a la pérdida de quien consideraba la razón de vida?, ¿de verdad existe algo como un duelo resuelto que desenlaza en la superación de ser apartado de quién amas?, a mi parecer, es como con las cucarachas, que si les arrancas algo tan vital como la cabeza, seguirán vivas, retorciendo crujientes sus patas y antenas, negando la importante pérdida a la que fueron sometidas, hasta que su mismo cuerpo se encargue de apagarlas al no soportar más la ausencia de lo que las estabilizaba.
Luan, desde tu partida, no soy más que una cucaracha decapitada.
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