despues de haberse confesado a taro . Un golpe limpio en su torso la había derribado, yacíendo en el pasto, cada vez con menos aliento.
Taro se acercó, su figura imponente y sombría, solo para murmurar algo que resonaba en su cabeza como un eco de muerte. alejandose del cuerpo inerte en el pasto lentamente volviendose cada vez menos visible a los ojos de ayano.
Ayano sintió algo extraño, algo que nunca había experimentado antes. Era como un peso en su pecho, un dolor que la consumía por dentro.
¿Era tristeza? ¿Odio?
¿O quizás...
remordimiento?
La pregunta la golpeó como un rayo, iluminando su conciencia con una verdad cruel. Había creído que su amor por Taro era puro, pero ahora veía la verdad: era un amor enfermo, un amor que la había llevado a cometer actos atroces.
Bajo el cerezo, Ayano tomó conciencia de todo lo que había hecho. Había arrebatado vidas inocentes, había destruido familias, había sembrado el dolor y el sufrimiento. Y todo por un amor que nunca había sido correspondido. La ironía era cruel, y Ayano se sintió abrumada por la vergüenza y el arrepentimiento.
Era mejor morir que enfrentar lo que había hecho.
La oscuridad la envolvió, y Ayano se dejaba llevar por ella, ansiosa por escapar del infierno que había creado.
Tous Droits Réservés