Han pasado 15 años desde el final de la Cuarta Gran Guerra Ninja.
Las grandes naciones firmaron la paz, las fronteras se estabilizaron y el mundo comenzó a cambiar. La tecnología avanzó, el comercio floreció y los shinobi dejaron de ser armas de guerra para convertirse en garantes de un equilibrio frágil, sostenido más por acuerdos y vigilancia que por batallas.
Konoha vive su época más próspera.
Naruto Uzumaki es Hokage, los viejos enemigos ahora son aliados, y una nueva generación crece sin haber conocido el horror de un conflicto total. Para muchos, este es el mundo por el que se luchó.
Boruto Uzumaki nació en esa paz.
Hijo del héroe que salvó al mundo, creció rodeado de estabilidad, comodidades y expectativas. Es talentoso, inteligente y competente, pero vive a la sombra de un sistema que funciona sin necesitarlo. Mientras otros sueñan con destacar, Boruto comienza su camino ninja preguntándose cuál es realmente su lugar en un mundo que ya no busca héroes.
Sin embargo, bajo la superficie de esa tranquilidad, algo se mueve.
En las zonas olvidadas, lejos de los tratados y las capitales, surgen conflictos que no encajan en los viejos modelos. Redes invisibles, intereses privados y amenazas que no respetan banderas empiezan a ocupar los espacios que la paz dejó sin vigilancia.
Cuando Boruto se gradúa y entra por primera vez al mundo real como shinobi, lo hace en una era distinta a la de su padre: una donde las batallas no siempre se libran a la vista de todos, donde ganar no significa cambiar el mundo, y donde incluso la victoria puede dejar preguntas sin respuesta.
Esta es la historia de una generación que no tuvo que conquistar la paz...
pero que deberá aprender a mantenerla.