Stella Noctis cometió lo que todos llamaron [error] y se convirtió en una anomalía que el sistema no puede borrar.
Jonathan debía entregarla.
En cambio, decidió quedarse.
Mientras el país se fragmenta y la cacería se vuelve definitiva, ambos quedan atrapados entre órdenes aplazadas, mentiras compartidas y una atracción que no estaba en el cálculo.
El sistema observa, aprende y corrige, pero hay algo que no logra predecir: lo que ocurre cuando alguien elige amar aquello que debía destruir.
Porque amar a una anomalía también es convertirse en una.
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