En un mundo de viajes y cambios, Sabrina creció sin raíces, con un corazón que anhelaba un lugar al que llamar hogar. Nacida en Argentina, hija de hippies soñadores, su vida fue un mapa de aventuras. A los 2 años, Alemania se convirtió en su nuevo hogar, donde las calles empedradas y los bosques oscuros la vieron dar sus primeros pasos. Pero la sed de libertad de sus padres no se apagaba, y a los 13, Brasil se convirtió en su nuevo refugio, con playas de ensueño y selvas exóticas..
Sin embargo, la vida no se detuvo allí.
Estados Unidos, el país de las oportunidades, los recibió con brazos abiertos, y Sabrina se encontró navegando por las calles de Nueva York, con su corazón dividido entre la emoción y la nostalgia..
Años pasaron, y Sabrina se convirtió en una enfermera apasionada con 26 años, Trabajaba incansablemente para mantener a su hija adoptiva, Belinda, una pequeña que había encontrado abandonada en la calle, con apenas un suspiro de vida por esa madre que nunca quizo hijos, y tuvo que hacerse cargo con solo 16 años, se convirtió en madre, y su vida se llenó de amor y propósito.
Pero la vida tiene un modo de sorprendernos.
Sabrina se unió a "Los Hijos de la Anarquía", una pandilla de motoqueros que la aceptaron como una de los suyos. Les llevaba comida, sonrisas y un poco de calidez, y ellos la protegían como una mas.
Un día, el pasado caminaba por las calles tan reconocible por esa mirada y Sabrina se sintió como si hubiera sido golpeada por un huracán. Un rostro familiar, uno que había amado con la inocencia de la infancia, apareció en su vida, en aquella calle y como toda mañana que ella caminaba en las calles a ir a buscar su cafe, allí lo miro cruzando la calle con amigos a su alrededor, ella sintió de nuevo todo, no lo podía creer pero tampoco pudo creer como llevaban un arma prácticamente casi en la mano.. y eso hizo cambiar mi mirada de añoranza a curiosidad.
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