El invierno de 1950 no llegó con la pureza de la nieve, sino con miles de partículas de pólvora y hierro. A sus 26 años, el teniente Mayor Min Yoon Gi se había convertido en un hombre de pocas palabras y piel curtida por la disciplina implacable de la base de Seúl. Para él, la guerra era un tablero de ajedrez donde las emociones eran debilidades mortales.
Pero entonces, entre el humo de los camiones militares y el eco de las sirenas, apareció él. Park Ji Min, un cirujano de mirada limpia y manos que parecían no pertenecer a un mundo en ruinas. En medio del barro, el rostro angelical de Ji Min era un insulto a la fealdad de la guerra. Yoon Gi supo, desde el primer intercambio de miradas, que aquel médico no solo venía a salvar cuerpos, sino a desmantelar la armadura que él había tardado años en construir.
#6 - 1950 de 231 historias.
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