Hay heridas que no sangran, pero nunca cierran.
Raúl aprendió demasiado pronto que la verdad no siempre importa y que el rechazo puede ser silencioso. Desde la adolescencia hasta la adultez, su historia se construye entre recuerdos, percepciones rotas y una soledad persistente.
El ruido de estar solo es una narración cruda sobre la memoria, la culpa ajena y lo que queda cuando nadie está de tu lado.
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