Aquella noche de Halloween de 1981, Lord Voldemort no solo encontró a un niño en la cuna, sino a dos. Harry, de cabello azabache rebelde, y Lydia Elena, una pequeña de rizos color cobre encendido, idénticos a los de Lily Evans.
Cuando la maldición rebotó, no dejó una sola marca, sino dos. Harry recibió la famosa cicatriz de rayo en la frente; Lydia, un trazo idéntico pero invertido sobre el corazón. Sin embargo, en el caos de la tragedia, Albus Dumbledore tomó una decisión: para proteger el "arma" contra el Señor Tenebroso, los gemelos debían crecer juntos, pero Lydia siempre a la sombra, siendo el "refuerzo" silencioso de su hermano.
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