Cuando algo se rompe, quedan pedazos,
silencios profundos y viejos abrazos.
Puedes recogerlos con mucho cuidado,
pero nada regresa a su antiguo estado.
Las grietas enseñan lo que se ha vivido,
el dolor se convierte en lo aprendido.
Y aunque no vuelva a ser como ayer,
siempre habrá una forma de volver a crecer.
Porque hasta un corazón que se hizo añicos,
puede encontrar fuerza en pequeños pasos.
No todo lo roto deja de brillar;
a veces, sus marcas lo hacen especial.
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