Hold My Hand no es un fanfic ni un one-shot; es algo un poco más personal. El año pasado inicié mi proceso de terapia y, en ese recorrido, logré reconectar con la escritura. En el inestable y difícil camino de sanar, encontré refugio en escribir. Siempre tuve afinidad por la escritura cuando me sentía abrumada, así que plasmar mis emociones en un texto se volvió un escape, una válvula de emergencia para lidiar con la presión emocional durante todos esos años en los que no estuve lista para acudir a un profesional de la salud mental.
Hacia el final de las primeras sesiones, se me pidió que me escribiera una carta a mí misma. En teoría, sería una carta de perdón, algo que me resultó particularmente difícil. Al final de esa última sesión, mi psicóloga me dijo que podía disponer de la carta como mejor me pareciera: quemarla, guardarla en un sitio especial, siempre y cuando su destino me proporcionara tranquilidad.
Decidí publicarla, porque siempre tuve el deseo de compartir mis escritos, pero nunca encontré la fuerza para ir más allá del autosabotaje. Así que opté por hacer de este fragmento tan personal de mis pensamientos mi punto de partida. Y aunque me tomó tiempo reunir el valor para hacerlo, quiero empezar a moldear mis propósitos para este nuevo año a través de acciones, para que sea el inicio de mi trayectoria publica como escritora.
Nota de autora.
Si has llegado hasta aquí en un momento difícil, espero que estas palabras puedan acompañarte, aunque sea un poco. Tal vez encuentres en ellas un reflejo, un respiro o simplemente la sensación de no estar sola/o.
Ojalá este texto también pueda ser una señal: una invitación suave a reconocer la importancia de nuestra salud mental, a escucharnos sin culpa y a permitirnos pedir ayuda cuando el peso se vuelve demasiado grande. Sanar no es un camino lineal ni sencillo, pero cada paso, por pequeño que parezca, importa.
Gracias por leerme.
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