Yugi: La Voz de la Pureza
Yugi no parecía pertenecer del todo al mundo terrenal. A sus trece años, poseía una belleza que los aldeanos describían como "tocada por la escarcha".
Su rostro: Tenía una expresión de ternura infinita, con facciones suaves y una piel tan blanca que recordaba a la porcelana o a los pétalos de las flores de loto en invierno.
Sus ojos: Eran de un azul profundo y cristalino, como dos lagos de montaña que reflejan el cielo despejado. En ellos se leía una sabiduría que superaba su corta edad.
Su cabello: Un rasgo único en su tierra; una cascada de oro natural que caía por su espalda, brillando con luz propia incluso en la penumbra del bosque.
Vestimenta: Solía vestir un hanbok sencillo de lino en tonos celestes y blancos, desgastado por sus caminatas entre la naturaleza, pero siempre limpio, como si la suciedad del camino se negara a tocarla.
El Sauce Blanco: El Anciano de Plata
El sauce no era un árbol común; era un monumento a la paz y la pureza.
La estructura: Su tronco era ancho y retorcido, con una corteza que parecía estar hecha de plata pulida que destellaba bajo la luz de la luna.
Las ramas: Sus ramas largas y flexibles caían como hilos de seda blanca desde las alturas, creando una especie de cortina natural que aislaba el interior del resto del mundo.
El aura: Alrededor del sauce, el tiempo parecía detenerse. El aire era más fresco, el silencio era absoluto y se sentía una vibración constante, como una nota musical que nunca termina. Emitía un resplandor pálido que guiaba a los perdidos y tranquilizaba a los animales del bosque.
El Encuentro Místico
Cuando Yugi se paraba frente a él, el contraste era mágico: la niña de cabello dorado y ojos azules frente al gigante de plata. El Sauce parecía reconocer su melodía interna, y ella, a su vez, sentía que las raíces del árbol estaban conectadas directamente con su corazón. No era solo un encuentro físico, sino la unión de dos mundos: la música huma
Seluruh Hak Cipta Dilindungi Undang-Undang