El Claro nunca estuvo preparado para ella.
Olivia llega siete meses antes que Thomas, sin recuerdos claros, con una cicatriz que arde como advertencia y una mente incapaz de olvidar. En un lugar donde la memoria es una condena y el olvido una bendición, ella recuerda demasiado.
Mientras los muros del laberinto se mueven y las reglas mantienen el orden, Olivia aprende a sobrevivir observando, callando y guardando cada detalle en su memoria fotográfica.
Cuando Thomas llega y el equilibrio del Claro comienza a romperse, Olivia entiende la verdad: el laberinto no solo está diseñado para probarlos... está diseñado para borrarles quiénes son.
Y ella es la prueba de que no lo logró.
Porque para Olivia, sobrevivir no es solo correr.
Es recordar.