La única que no dijo que sí
Hay personas que entran en tu vida sin avisar.
Elowen Reyes es una chica pequeña y menuda, mide 1.59, de esos cuerpos que parecen frágiles hasta que hablan y descubres que tienen más fuerza que un huracán. Su piel es morena como la tierra después de la lluvia. Su pelo es negro, oscuro y rizado, que normalmente lleva recogido en un moño despeinado o en una trenza baja, aunque siempre se le escapan algunos rizos rebeldes alrededor del rostro.
Elowen llegó a Mánchester con un sueño por cumplir, una meta, el recuerdo de el ser que la había ayudado a llegar tan lejos, su abuela, la misma que le enseñó el idioma que aprendió en la distancia.
Él ya estaba allí. Erling Halaand. El gigante noruego de mirada gris, melena rubia y una lista interminable de récords que lo habían convertido en una leyenda antes de cumplir los veinticinco. Famoso. Frío. Acostumbrado a que todos le dijeran que sí.
El primer día de ella en el Manchester City no fue el comienzo que había soñado.
Pero a veces, los peores comienzos son los que terminan cambiándolo todo.
Porque cuando dos mundos chocan, no siempre se rompen. A veces, se construyen.