Cuando el mundo aprendió a arder, no lo hizo de golpe.
No hubo un día exacto, ni una explosión final que marcara el fin de todo.
El mundo se fue quemando lento, en decisiones pequeñas, en silencios aceptados, en el miedo que empezó a mandar antes que la razón.
Cuando las leyes cayeron, no lo hicieron con ruido: lo hicieron con indiferencia.
Así nació el Imperio.
No como una nación, sino como una idea: que algunos podían poseerlo todo, incluso a otros cuerpos. Donde pasó, no dejó ciudades, dejó restos. No dejó orden, dejó obediencia. Y a los que no se arrodillaron, los convirtió en ejemplo.
Esta historia comienza ahí, cuando sobrevivir deja de ser una elección y amar se vuelve un acto peligroso.
Comienza con una mujer que acepta el infierno para salvar a su sobrina, con una adolescencia arrancada de raíz, con un mundo donde la pureza se cotiza y la dignidad se negocia.
Pero Cuando el mundo aprendió a arder no es solo una historia de destrucción. Es la crónica de una grieta. De quienes, desde dentro del fuego, eligieron no convertirse en cenizas. De alianzas improbables, de deseos que sobreviven a la guerra y de una familia que se construye entre ruinas.
Porque incluso cuando todo parece perdido, el mundo sigue aprendiendo.
Y a veces, entre las llamas, aprende a volver a nacer.
All Rights Reserved