El mundo lo llama conflicto.
Yo lo llamo insistencia.
Nos conocimos antes del poder, antes de las cámaras, antes de que nuestros nombres se convirtieran en territorios en disputa. Desde entonces, algo quedó abierto. Algo que nunca aprendió a soltarse.
Años después, cuando todos creen que nos enfrentamos, él mueve piezas con una paciencia inquietante. Cada sanción, cada diálogo, cada gesto diplomático es una forma de mantenerme cerca. Visible. Bajo su control elegante.
No intenta vencerme.
Nunca lo hizo.
Porque hay obsesiones que no necesitan tocar, y deseos que se sostienen mejor cuando se disfrazan de poder.
Todos los derechos reservados