¿En qué momento dejé de ser escuchada para aprender a ser fuerte?
¿En qué punto cerré el corazón creyendo que así dolería menos?
En una nación donde la lealtad se venera incluso cuando está manchada de sangre, dudar se convierte en un acto peligroso. Pensar distinto no solo incomoda: excluye. Y ese pequeño cuestionamiento, casi humano, puede desatar consecuencias llenas de aflicción y dolor.
Kurem vive rodeada de pensamientos que no encajan con lo que le enseñaron, pero que nacen de lo que siente. Son esas dudas las que la empujan a emprender un viaje largo, uno que pone a prueba todo lo que creyó incuestionable y amenaza con romper los valores que le fueron inculcados desde niña.
Sin embargo, en medio del ruido, aparece algo inesperado: un silencio que no exige respuestas, que no pregunta el cuándo ni el porqué. Un silencio que acompaña. Y es ahí donde Kurem decide seguir adelante, no para huir de sus heridas, sino para aprender a sanarlas.
¿Qué pasa cuando crecer duele más que resistir?
¿Y qué pasa cuando amar no es poseer, sino escuchar?
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