En la mansión Belmont, el silencio no es ausencia de ruido, es una estrategia. Y nadie domina esa estrategia mejor que Vesper Belmont.
Mientras Mila brilla bajo los focos y Jade arde en su propia rebeldía, Vesper se desvanece en las sombras. Es la trilliza silenciosa, la que siempre tiene un cuaderno entre las manos y la mirada perdida tras sus anteojos. Pero tras esa fachada de chica asocial se esconde la mente más peligrosa de la familia:
la que escucha lo que no debe, la que observa los hilos que mueve su padre, Máximo Belmont, y la que guarda los secretos que podrían desmoronar su imperio.
Su único refugio es el recuerdo de Derek, el chico que entendía sus silencios y cuya muerte dejó un vacío que ella llena con datos, cifras y verdades ocultas. Sin embargo, el equilibrio se rompe con la llegada de los Kovac. Jax y Killian no solo traen el caos al instituto; traen una mirada de reconocimiento que atraviesa todas las defensas de Vesper.
Vesper siempre ha sido la que observa, pero ahora, por primera vez, se siente observada. Alguien la ha estado estudiando durante diez años. Un custodio que conoce el peso de lo que ella calla y que sabe que, en el mundo de los Belmont, el abismo siempre reclama lo que es suyo.
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