En lo profundo de un centro de investigación oculto al mundo, donde los pasillos huelen a metal oxidado, los niños no tienen nombres , tienen números. Todos menos yo.
Me llamo Liby, recuerdo quién era antes de que me abrieran por dentro.
Este lugar dice buscar el progreso , pero lo que hace es romper cuerpos pequeños para ver qué nace de las grietas , de nuestro dolor . Inyecciones nos queman por dentro, cirugías sin anestesia , deformaciones en nuestra carne . Algunos niños gritan. Otros dejan de hacerlo demasiado pronto. Los que sobreviven ya no son ellos .
Mi cuerpo esta cambiando. Lo siento en los huesos, en la piel que ya no me pertenece, en los reflejos del espejo que evito mirar. Ellos no saben controlarme , no pueden hacerlo.
Veo amigos convertirse en monstruos, científicos perder su humanidad con cada informe firmado, y sangre que se limpia rápido para que nadie deje rastro. Aquí el dolor es rutina y la esperanza, un error de calculo, un error que les costara todo lo que lograron .
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