Madrugada Poética
En las horas silentes del insomnio, cuando la luz de la luna era el único refugio que acurrucaba mi soledad, nacieron estos versos. Cada línea fue dictada por el ritmo de las lágrimas; una danza lenta entre el papel y el dolor.
Mientras el invierno se aproximaba y el frío exterior intentaba adormecer la herida, el alma temía que la fuente de su arte se estuviera secando. Él -mi numen, mi herida, la sombra, el recuerdo- creyó que al marcharse se llevaría mi inspiración, que el manantial de palabras se secaría con su ausencia. Pero el corazón tiene sus propios tiempos: lo que comenzó como un lamento de una noche, se transformó en el refugio de un año entero. Este poemario es la prueba del talento que brotó de la tristeza y la voz que, finalmente, decidió no callar más.
Agradecimientos
A mi pasado, y específicamente a quien fue mi gran amor: gracias por la intensidad, por los días de luz y por las noches de sombra. Aunque hoy caminamos rutas distintas, tu huella es la tinta con la que he escrito mi propia sanación. Gracias por ser la chispa que, aun en la distancia, encendió estos versos.
A la luna, mi fiel confidente en las noches de vela, por prestarme su luz cuando todo se sentía oscuro.
A la soledad de mis noches, por no dejarme rendir y por enseñarme que el llanto puede ser el prólogo de algo hermoso.
A mis lectores por asomarse a estas grietas de mi alma. Gracias por acompañarme a transformar la tristeza en arte y por darle un nuevo hogar a mis palabras.Gracias por sostener este libro entre tus manos y por permitir que mis lágrimas encuentren eco en tu corazón, por recordar conmigo que incluso el invierno más crudo eventualmente da paso a la poesía.
"El dolor no apaga el talento, lo transforma en fuego para sobrevivir al frío."