PRÓLOGO
Dicen que los errores no cambian destinos.
Que lo que está escrito, se cumple tarde o temprano.
Pero nadie habla de los errores que nacen de la ira.
Aquella noche, él no pensó en consecuencias.
Solo en venganza.
-Quiero a su hija- ordenó, con la voz cargada de odio-. Tráiganmela. Que sienta lo que yo sentí.
Sus hombres asintieron sin hacer preguntas.
En su mundo, las órdenes no se cuestionaban... se ejecutaban.
Horas después, una chica fue sacada de su vida a la fuerza, con los ojos vendados y el corazón golpeándole el pecho. No llevaba el apellido correcto, No tenía la sangre que él buscaba. No era la pieza del juego que debía caer.
Pero nadie lo sabía aún.
Cuando él la vio por primera vez, algo no encajó.
No era miedo lo que había en sus ojos...era confunsión.
No era arrogancia... era silencio.
Ese fue el primer aviso.
El primero de muchos.
Porque ella no era la hija de su enemigo.
Era solo una equivocación.
Y aun así, fue el error que lo cambió todo.
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