Para todo el país, Shane Hernández es el "consentido" del Magallanes. Con su sonrisa perfecta en las vallas de la Polar Light y el respaldo de su implacable madre y mánager, Yuna. Shane es la imagen viviente del éxito en la LVBP. Solo hay una mancha en su carrera perfecta: Ilya Rozanov.
Ilya es el campocorto estrella de los Leones del Caracas. Un ruso con alma de oriental que llegó de niño a las playas de Lechería para terminar conquistando la capital con su bate y su arrogancia gélida. La rivalidad entre el "Ruso" y el "Golden Boy" es legendaria; se pican en redes sociales, se lanzan indirectas en las entrevistas y el país entero se paraliza cuando se enfrentan en el Monumental o en el José Bernardo Pérez.
Pero lo que la prensa de Meridiano y los fanáticos de las gradas no saben es que detrás de los insultos en segunda base y la competitividad, existe un pacto silencioso que nació en una noche de Serie del Caribe años atrás.
Entre viajes en bus por la Autopista Regional del Centro, hoteles discretos y el miedo constante a que Yuna descubra que su hijo está enamorado del enemigo público número uno de Valencia, Shane e Ilya juegan el partido más peligroso de sus vidas. Porque en el béisbol venezolano se puede perdonar un error, se puede perdonar un ponche, pero nunca... nunca se perdonar amar al ETERNO RIVAL.
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