No todas las historias comienzan con una ruptura.
Algunas empiezan mucho antes, en el silencio.
Esta es una historia sobre mirar a los ojos equivocados y, aun así, reconocer la verdad. Sobre el deseo como una forma de memoria, sobreentender que la lealtad no siempre se rompe con un beso, sino con todo lo que se niega antes de él.
No habla de perderlo todo, sino de dejar de fingir, de aprender que hay incendios que no llegan para destruirte, sino para iluminar lo que ya no podía seguir en sombras.
Porque hay muchas formas de matar a quien amas, la más lenta... es no amarlo lo suficiente. Y también hay amores que no llegan para salvarte, sino para incendiar lo que ya estaba muerto.
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