Chris creció entre el rumor del mar y las historias prohibidas. Desde niño fue curioso, inquieto, incapaz de obedecer límites que no entendía. Travieso por naturaleza, siempre buscaba ir más allá de lo que se le permitía, como si algo invisible lo llamara desde el horizonte.
Su padre, conocido como Black Flag, fue uno de los piratas más temidos y respetados de su tiempo. Su nombre bastaba para sembrar miedo en los puertos y esperanza entre los suyos. Era famoso por su dedicación, sus hazañas imposibles y la enorme recompensa que pesaba sobre su cabeza. Para muchos, una leyenda; para otros, un monstruo. Para Chris... un héroe.
Pero un día, Black Flag desapareció.
Ni Chris ni su madre, Elisa, volvieron a saber de él. No hubo cuerpos, no hubo testigos, no hubo respuestas. Solo rumores: algunos decían que había muerto, otros que había traicionado a todos, y unos pocos susurraban que había encontrado algo que nunca debió buscar.
Ese misterio marcó la vida de Chris para siempre.
Durante su adolescencia, la pregunta se convirtió en una herida abierta:
¿Qué le ocurrió realmente a su padre?
¿Había muerto... o seguía vivo en algún rincón maldito del mundo?
Sin saberlo aún, Chris estaba destinado a descubrir que algunas verdades valen más que el oro...
y que todo tesoro tiene un precio.
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