Wonyoung nunca imaginó que salir a buscar agua cambiaría el curso de su vida.
La arboleda estaba tranquila aquella mañana; los árboles se alzaban imponentes, el aire era fresco y el murmullo del río prometía agua limpia. Caminaba con el ceño fruncido, molesta por los mandados y por su hermana enferma -o eso decía estar-, cuando algo blanco llamó su atención.
Un conejo.
Era pequeño, dócil... y llevaba un collar.
Wonyoung frunció el ceño al leer el diminuto dije que colgaba de él.
-Sunny, 2024...
Antes de que pudiera comprender lo que eso significaba, el animal escapó entre los arbustos, dejándola con una sensación extraña, casi inquietante.
Siguió caminando, distraída, hasta que el suelo cedió bajo sus pies.
El dolor en su tobillo fue inmediato. La cuerda apretada, la sangre, el pánico.
-¡Creo que funcionó!
Una voz masculina rompió el silencio del bosque.
Wonyoung alzó la vista... y se encontró con un muchacho cuya ropa le pareció tan impropia como imposible. La vergüenza la invadió al instante.
-¿Qué hace un obrero cazando conejos aquí? -espetó, sin saber que acababa de cruzar una frontera invisible.
Porque aquel bosque, tan familiar como siempre, ya no pertenecía únicamente a su tiempo.
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