Tenía quince años hasta hace poco.
Ayer fue el cumpleaños de Inuyasha Taisho.
Ahora tiene dieciséis, y en su familia todos se preguntan qué estaba pasando con él.
Ese día prepararon algo pequeño.
Nada ruidoso, nada espectacular.
Solo lo suficiente para no hacer preguntas incómodas.
Desde hacía un año, Inuyasha había cambiado de forma drástica.
Antes, sonreír era algo natural para él.
Era alegre, cálido, y su presencia se sentía incluso cuando no decía nada.
Pero nadie supo explicar por qué, de un día para otro, esa personalidad desapareció por completo.
Ahora era callado.
Evitaba mirar a los ojos.
Y siempre, de alguna forma, terminaba apartado de todos.