Kakashi Hatake nunca se consideró un hombre de deseos mundanos. Como Sexto Hokage, su vida era un ciclo de papeles, reuniones de consejo y la pesada carga de mantener la paz. Sin embargo, su paz se rompió el día que cumplió treinta y tantos y vio a Hinata Hyūga entrenando bajo la lluvia.
Ella tenía dieciséis años. Era pequeña, de voz suave y ojos que parecían contener galaxias enteras. Kakashi sabía que estaba mal. Era su superior, su líder, y casi le doblaba la edad. Pero desde ese día, el "Colmillo Blanco" desarrolló un nuevo hábito: usar su ojo izquierdo no para copiar jutsus, sino para seguir la silueta de la heredera Hyūga desde la ventana de su oficina.
Lo que empezó como una curiosidad se transformó en una fijación. Y cuando los años pasaron y Hinata dejó de ser una niña para convertirse en una mujer de curvas peligrosas y mirada firme, la atracción de Kakashi se pudrió en algo mucho más oscuro: obsesión.