En el cuarto piso del hospital psiquiátrico, Yunho y Mingi comparten habitación. Yunho llega ahogado por la ansiedad; Mingi, consumido por una depresión profunda que le ha apagado casi toda la luz.
Al principio solo existe el silencio incómodo, las miradas esquivas y las noches eternas. Pero con el paso de los días y el efecto de las medicinas, una mirada se convierte en conversación, un gesto en refugio. Lo que empezó como mera supervivencia se transforma lentamente en algo más profundo: un espacio seguro, una conexión frágil.
Entre recaídas, miedos y la amenaza constante de ser separados, ambos descubren que el amor puede nacer incluso en los lugares más oscuros. Un romance lento, triste y profundamente humano, donde la luz no entra por la ventana... sino que se enciende, temblorosa, entre dos almas rotas que deciden sostenerse mutuamente.
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