"No eres mía, Isabella. Y eso es lo que me está matando".
Cuando la madre de Isabella se casa con un hombre rico y desconocido, el ya escaso instinto maternal de esta desaparece por completo, abandonándola en una mansión llena de extraños. Ahora, Isabela debe convivir con tres hermanastros que no pidió: Lucas, el menor, amable y mediador; Erick, el del medio, insoportable y fastidioso; y por último, el mayor: Marcus.
Ante la ausencia constante de su padre por negocios, Marcus ha quedado a cargo de la casa y, a partir de ahora, también de Isabela. Él es controlador, frío y ha levantado barreras inquebrantables, pero Isabella es la única pieza que no encaja en su tablero. Con un orgullo que compite con el suyo y un aura irresistible, ella se convierte en la distracción que le carcome la cabeza a cada segundo.
Debido a un problema con la mudanza, todas las cosas de Isabella quedaron retenidas en la aduana. Sin ropa y sin habitación propia, se ve obligada a instalarse en el único lugar disponible: la habotación de Marcus, quien se supone está de viaje. Pero, ¿qué para cuando por alguna razon extraña este vuelve antes de su viaje y encuentra a su nueva hermanastra durmiendo entre sus sábanas?