Ella tenía catorce años cuando lo vio por primera vez sobre un escenario improvisado en su colegio.
Él tenía treinta y una carrera que apenas se sostenía.
Un mensaje que nunca debió existir.
Una conexión que nadie pudo explicar.
Un adiós obligado antes de tiempo.
Diez años después, cuando la música vuelve a llamarlo y la vida ya les dejó cicatrices, se reencuentran entre luces, aplausos y recuerdos que nunca murieron.
Porque hay amores que no se viven…
solo se esperan.
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