Ese año fue el peor de todos... de pana que ni se los cuento porque fue horrible. Fue una de esas etapas que te dejan molida, pero bueno, aquí estoy, al menos sobreviví para echar el cuento. Mi primer año estudiando Psicología fue un desastre total, un caos de esos que te hacen dudar de todo, aunque trato de verlo por el lado amable: fue puro aprendizaje a punta de golpes. Pero miren, al menos estoy bien, que ya es bastante decir.
Seguro se estarán preguntando: ¿y qué pasó con Dorian? Bueno, la verdad es que quedamos como amigosLamentablemente las cosas no pasaron de ahí. Me sentía tan bien con él, me daba una paz increíble y me sentía súper cómoda a su lado, pero el corazón es traicionero y no lo podía amar. Simplemente no me nacía, y forzar eso es peor. Y es que, siendo sincera, Joss... a pesar de que según yo ya lo había superado, ese chamo sigue ahí, metido en lo más profundo de mi ser, como una espinita que no me puedo sacar.
Yo juraba que no lo iba a ver más nunca. Me convencí a mí misma de que nuestra historia ya había bajado el telón y que cada quien estaba en su onda. Pero ¡qué mal pensé, vale! Estaba pelando un bolón. Resulta que esto no era el final, sino apenas el comienzo de algo que no me esperaba.
A veces uno se queda loco con las vueltas que da la vida, porque parece que se empeña en ponerte a la misma persona en el camino una y otra vez. Pero mi pregunta es, ¿por qué tiene que ser Joss? ¿Por qué otra vez él?
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