No hay manual para criar una hija. Tampoco para dejar de ser la hija de. Yo intento. Respiro. Me adapto. Pero a veces me despierto pensando que sigo en una base militar. O en una sala de interrogatorio. Otras veces, pienso que Spencer ya se cansó de mi carácter. Y a veces, lo que me asusta no es lo que pueda pasar afuera, sino lo que pueda pasar dentro de mí. Porque sigo siendo quien fui. Aunque ya no quiera serlo. Y mientras tanto, allá afuera, alguien espera que baje la guardia. El fuego con el que fui criada no se apaga con amor. Solo se disfraza. Este último año aprendí a amar de otra forma. Pero también aprendí que algunos enemigos no están en los archivos del FBI. Están en las palabras que no se dicen. En las heridas que uno hereda sin pedirlo. Mi padre puede estar en prisión. Pero su sombra no se quedó atrás. Y ahora, cuando creo que todo está en orden, cuando el mundo gira alrededor de Olivia... algo cambia otra vez. Y tengo que decidir si puedo ser madre y soldado al mismo tiempo.
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