Después del partido entre Ubers y el PXG, algo quedó suspendido en el aire.
No es rivalidad. No es enojo.
Es una curiosidad que Charles no logra arrancarse de la cabeza.
Niko, en cambio, sigue adelante como siempre; serio, observador, con esa calma fría que parece no dejar espacio para distracciones. Cuando llega la espera por el mundial y con ellas las guías de mejora individual, su objetivo es claro: entrenar su instinto. Nada más. Nada menos.
Charles ve en eso la oportunidad ideal.
Una mentira pequeña, cuidadosamente armada.
Una excusa para acercarse.
Entrenar juntos no estaba escrito en la guía, tampoco lo contrario.
Pero Charles quiere saber por qué esos ojos lo desestabilizan, por qué en ellos cree ver galaxias enteras, por qué ansiar leer a Niko en el campo no fue suficiente. Quiere leerlo fuera de este.
Niko desconfía. Lo nota errático, impredecible, demasiado arriesgado al cruzar límites invisibles. No le agrada del todo eso... y, aun así, confía. Porque algo en Charles no encaja, y Niko siempre ha sido bueno leyendo lo que otros intentan esconder... Sin conocer que lo que el otro buscaba era exactamente eso.
Lo que comenzó como un plan se transforma en amistad, y la curiosidad inicial amenaza con convertirse en algo más peligroso.
También se analiza el instinto y se invade la técnica.
Y algunos sentimientos... no estaban en el manual.
Sabrina es la maknae de Katseye y le encanta serlo. Le gusta el escenario, sus amigas, los ensayos, las risas después de bajar de las luces. Para ella, ser parte de este grupo no es una obligación ni una rutina: es algo que eligió y que disfruta realmente.
Louis recién está empezando. Es el maknae de un grupo nuevo, nervioso, con más ilusión que experiencia, tratando de encontrar su lugar en una industria donde nadie lo conoce todavía.
Se cruzan en momentos pequeños, detrás de bastidores, entre eventos, pasillos y escenarios que no se mezclan. No es una historia de drama exagerado ni de amor instantáneo. Es algo que va pasando sin aviso, mientras ambos siguen creciendo en mundos distintos que, por norma, no deberían cruzarse.
Pero a veces, las luces sí se cruzan.