Contexto: Establecemos la rutina de Fabio y cómo Bryan empieza a orbitar su mundo.
Fabio es el punto de fuga de todas las miradas en el instituto. No es que él busque atención; es que su presencia es magnética. Se sienta en el césped rodeado de sus amigos -chicos de hombros anchos y gestos parcos que actúan como un escudo invisible- mientras él se dedica a limar sus uñas o a acomodar su cabello suave con una elegancia distraída.
Bryan lo observa desde la cancha de fútbol. Bryan tiene esa energía brillante, siempre riendo, siempre con un balón bajo el brazo. Pero últimamente, sus chistes se interrumpen cuando Fabio pasa cerca. Sus amigos notan que Bryan ya no mira a las gradas buscando aprobación general; mira hacia ese rincón específico donde la "muralla" protege al chico de la cintura fina. El primer contacto es simple: un balón que "accidentalmente" rueda hasta los pies de Fabio. Bryan se acerca, sudado y sonriente, y por primera vez nota que el perfume de Fabio huele a algo limpio y costoso, rompiendo la barrera de testosterona de sus guardaespaldas.
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