Amar, a veces, no es suficiente.
Lo que parecía cariño se transformó en cadenas invisibles, y lo que se nombraba como amor... era una obsesión sedienta de control, miedo y necesidad.
Estos poemas no son solo versos. Son gritos silenciados, pedazos de una alma que se perdió en otra, como quien se lanza al mar sin saber nadar.
Cada palabra escrita fue una confesión, cada metáfora, una herida abierta, y cada título... un espejo donde muchos han visto su rostro, temblando entre el deseo y la pérdida.
El desenlace no es un final feliz, ni una redención inmediata. Es una verdad desnuda: el amor no debe doler así.
Porque cuando amar te hace odiarte, cuando perder al otro significa dejar de existir, y cuando la presencia ajena es más importante que tu propia paz... eso ya no es amor. Es prisión con nombre bonito.
Hoy, el alma que habló en estos versos no busca culpar, ni suplicar, sino entender.
Entender que el amor real no exige la desaparición del yo, no necesita cadenas para quedarse, ni heridas para sentirse verdadero.
La obsesión disfrazada de amor deja ruinas. Pero entre las cenizas, también puede nacer la libertad.
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