En un pueblo chico, en el que el tiempo parece transcurrir más lento y la vida se da entre calles anchas y casas bajas, pareciera no haber nada que pueda romper la rutina. Los adolescentes y niños van al colegio, los adultos trabajan la mayoría en los mismos trabajos y a la misma hora, y las tardes están decoradas por esas meriendas, risas y planes pequeños, al estilo del pueblo.
Sin embargo, detrás de esa aparente normalidad existen heridas viejas, heridas que la mayoría eligió olvidar, pero alguien, nunca quiso hacerlo, y esa persona está decidida a actuar. El silencio, la precisión, y una violencia que no sigue una regla estricta y siempre deja objetos fuera de lugar, son las características de alguien dispuesto a hacerse cargo de todo por sí mismo.
A partir de lo que parecía un día normal, la cotidianidad se rompe, las miradas se vuelven más largas y serias, y las calles dejan de ser ese lugar tranquilo y seguro.
En un pueblo, donde nunca pasa nada, todos creen conocer a todos. Hasta que descubren que no.