Mini Boy y Julix eran amigos desde hacía años. De esos amigos que se entienden con una mirada, que comparten silencios cómodos y risas que duran demasiado. Mini siempre pensó que lo que sentía era solo cariño... hasta que empezó a dolerle el pecho cada vez que Julix se alejaba.
Julix, por su parte, era un caos bien guardado. Sonreía fácil, hablaba de todo, pero nunca de lo que realmente sentía. Con Mini era distinto: se permitía ser más suave, más real. Y sin darse cuenta, las noches largas y las conversaciones profundas terminaron convirtiéndose en roces, miradas sostenidas y un beso que lo cambió todo.
Mini se enamoró sin defensa alguna.
Lo que Mini no sabía... era que Julix no estaba solo.
Drex era intensidad pura: peligro, pasión y discusiones que terminaban siempre de la misma forma. Nexus, en cambio, era frío, calculador, alguien que conocía cada debilidad de Julix y sabía cómo usarla. Dos amantes, dos secretos, y un corazón dividido.
Cuando Drex apareció una tarde, tomando a Julix del brazo frente a Mini, el aire se volvió pesado.
-¿Quién es él? -preguntó Mini, intentando que su voz no temblara.
Julix no respondió de inmediato. Nexus observaba desde lejos, con una sonrisa que prometía problemas.
Y en ese instante, Mini entendió que amar a Julix significaba entrar en una guerra donde nadie saldría ileso.
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