PRÓLOGO El mundo olía a sal, a madera podrida y a desesperación. Ixchel no recordaba cuánto tiempo había pasado desde que los hombres de metal, con sus barcos que escupían fuego, la arrancaron de la sombra de las ceibas y del susurro de los templos. En su cuello, el peso de las cadenas no era nada comparado con el peso de su silencio. Había decidido no entregarles su voz; si iban a robarle la libertad, no les daría el placer de escuchar el idioma de las estrellas que su madre le había enseñado. Desde la cubierta de la galera, el horizonte comenzó a transformarse. Ya no era la selva infinita de su hogar, sino una silueta de cúpulas gigantescas y torres delgadas que parecían agujas intentando pinchar el cielo. Era Estambul. Una ciudad de piedra y oro que se alzaba sobre las aguas del Bósforo como un monstruo dormido. -¡Miren eso! -gritó un guardia en ese idioma español que ella ya empezaba a detestar-. La joya del mundo. El mercado donde las fieras se convierten en seda. Ixchel apretó el pequeño trozo de jade que llevaba escondido en el dobladillo de su túnica sucia. Era su único vínculo con la tierra donde el sol nacía de los cenotes. Mientras el barco se acercaba al puerto, ella cerró los ojos y formuló una promesa silenciosa en su mente: "Podrán venderme, podrán vestirme con sus telas y encerrarme en sus muros de mármol. Pero mi espíritu es un jaguar y mi corazón sigue siendo de jade. Algún día, este lugar conocerá mi nombre." Lo que Ixchel no sabía, mientras las puertas del palacio de Topkapi se abrían para recibir el cargamento de nuevas esclavas, era que en el corazón de esa fortaleza de sombras, un hombre llamado Suleiman estaba sentado frente a un mapa, buscando un sentido a su imperio. Ella buscaba su hogar. Él buscaba un misterio. Ninguno de los dos sabía que, esa tarde, el destino de dos mundos acababa de colisionar.
Detail lengkap