𝑳𝒂 𝒇𝒐𝒓𝒎𝒂 𝒆𝒏 𝒒𝒖𝒆 𝒎𝒆 𝒎𝒊𝒓𝒂𝒔
-Por desgracia -murmuró Rin, sintiendo una punzada familiar al mencionar a su hermano-. Pero no lo digas en voz alta porque me da vergüenza. Por cierto, ¿me devuelves mi mano o planeas quedártela como trofeo?
Bunny soltó la mano lentamente, casi con reluctancia, su pulgar rozando una última vez la piel de Rin en un gesto que podía interpretarse como casual o deliberadamente provocador.
-Espero verte en el campo. Sería una lástima que alguien con tu mirada se quede en la banca -dijo Bunny, inclinando ligeramente la cabeza, su cicatriz destacando bajo la luz.
-No lo creo. Me tienen en la banca como castigo y, aquí entre nos, lo prefiero así. Al menos allí no tengo que lidiar con más decepciones -confesó Rin, cruzándose de brazos, su postura recta y alerta, aunque por dentro sentía una curiosidad creciente ante la sonrisa peligrosa del otro.
-Oh, no te preocupes tanto -insistió Bunny, dando un paso más cerca, su energía vibrante casi tangible-. Yo me encargaré de que te metan en el campo. Un partido sin ti sería demasiado aburrido. ¿No sientes esa chispa cuando el balón te llama? Yo sí, y sé que tú también.
-No gracias -rechazó Rin, aunque su voz carecía de la convicción total de antes-. Prefiero la banca. He descansado bastante estando ahí, y honestamente, no necesito que un conejo blanco venga a "rescatarme". ¿Qué ganas tú con esto, Bunny? ¿Solo diversión o hay algo más?
Bunny sonrió más ampliamente, sus ojos achinándose con malicia juguetona mientras se encogía de hombros con elegancia.
-Quizá solo quiero ver de qué estás hecho realmente, Rin Itoshi. Los que se esconden en la banca suelen tener las mejores historias. Y quién sabe, tal vez termine gustándome lo que descubra. Nos vemos en el campo... o te saco yo mismo si hace falta.