El 13 de abril, a raíz de una llamada recibida por la central policial —cuyo origen no pudo ser rastreado con precisión debido a cortes en la comunicación—, se dispuso el envío de una patrulla a un domicilio particular sin antecedentes previos relevantes. Al ingresar al lugar, los agentes constataron que la vivienda se encontraba completamente patas arriba, con muebles volcados, objetos personales esparcidos por el suelo y daños materiales visibles en varias habitaciones. No se detectaron signos evidentes de robo ni indicios claros de ingreso forzado desde el exterior.
Durante la inspección general se dejó constancia de un elemento presente en toda la casa: en todas las paredes se observaba una sustancia oscura que escurría desde la parte superior, descendiendo de forma irregular hacia zonas medias y bajas. La sustancia no fue identificada en el lugar ni presentaba un patrón uniforme, por lo que su presencia fue registrada fotográficamente para análisis posterior. La revisión continuó hasta el baño, cuya puerta mostraba daños severos en el marco y marcas compatibles con golpes repetidos; en su interior no se halló a ninguna persona.
Sobre el piso del baño, junto al lavamanos, se encontró un teléfono celular con la batería casi agotada. El dispositivo, pese a presentar daños menores, permanecía operativo y contenía un único archivo de audio, grabado de manera continua y sin título ni marca temporal visible. No se hallaron otros registros relevantes ni documentación adicional. El archivo fue preservado como evidencia y remitido para su análisis, quedando el caso registrado como investigación abierta ante la ausencia del ocupante del inmueble.
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