Kathrina, la detective implacable del GCPD, se ha arrojado al abismo sin red de seguridad. Su nueva misión: infiltrarse como bailarina en los clubes para dar en la más oscura de las redes de tráfico de menores, ascender desde las cloacas hasta el corazón blindado de la organización. El objetivo final no es otro que ganarse la confianza de Madeleine Kusanov -la prometida de hielo y veneno de Victor Kusanov-, el traficante más escurridizo, más intocable, más letal de Gotham. Un solo error y no habrá rescate. Solo muerte lenta.
No olvidó avisar a los murciélagos.
Simplemente eligió no hacerlo.
Porque sabía que, si les contaba la verdad, la detendrían. Y si la detenían, los niños seguirían desapareciendo.
Jason Todd -el hombre que lleva su nombre tatuado en cada cicatriz del alma- no es de los que esperan explicaciones.
Jason no negocia con el peligro cuando se trata de ella.
Jason no razona.
Jason arde.
Y si alguien pone un dedo sobre Kathrina, él no dudará en incendiar Gotham entera, calle por calle, hueso por hueso, hasta que no quede nada que salvar... excepto a ella.
Otros héroes calculan sacrificios.
Otros héroes pesan una vida contra millones y eligen el "bien mayor".
Jason Todd no hace cálculos.
Él no solo sacrificaría el mundo por ella.
Él lo destrozaría sin pestañear.
Lo reduciría a cenizas humeantes.
Y luego caminaría sobre las ruinas solo para asegurarse de que ella sigue respirando.
Porque para Jason, el fin del mundo ya ocurrió el día que ella dejó de estar a su lado.
Todo lo demás es solo ruido de fondo
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